Dicen que hacer una mudanza, lidera la lista de cosas más estresantes que puede sufrir una persona a lo largo de su vida. Pero lo que se dice, es que a más mudanzas mayor es el agobio existencial por encontrar el lugar perfecto donde cobijarte, esconderte, disfrutar y crear una vida. Aunque la parte positiva, es que a mayor sea el numero de veces que te mudas, menos equipaje llevarás. 

Tengo la gran suerte y desgracia de vivir en Barcelona, tan bonita como turística, es raro que el barcelonés medio no se mude varias veces a lo largo de su vida hasta dar con “El Piso”. Vivir en una gran ciudad donde el metro cuadrado de alquiler siempre cotiza al alza, consiste en tener que mudarte cada 5 años, o con suerte 10 si el propietario es agradable.  A eso hay que sumarle los alquileres desproporcionados que cada año suben más,  y son inversamente proporcionales a nuestro sueldo. Pero si no tenemos suficiente con todo lo anterior, la guinda del pastel inmobiliario la ponen las fianzas, que muchas veces se asemejan en la entrada de una hipoteca. 

Bienvenidos a la gran ciudad. 

Este verano mis vacaciones se convirtieron en la búsqueda del tesoro. El piso perfecto, de 3 minúsculas habitaciones para vivir con mi madre y mi hermana. Con un poco de luz natural, sin cucarachas a ser posible, con ascensor por necesidad  y que no duplicará los ingresos que entran a casa, ni fianzas que suman el salario de 1 año.

No olvidemos que además de la temida fianza, hay que pagar seguro obligatorio, comisión a la agencia, impuestos, y mil cosas más que poco dejan para los enseres básicos del hogar. Parece fácil, verdad?, pues no. Es más fácil conseguir un labial de Edición Limitada de Mac del 2103 por 20 euros en EBay, que un piso así en Barcelona ciudad con todo lo que he mencionado.

Los milagros existen.

Después de pasar cientos de horas en portales inmobiliarios, y ponernos en modo rastreator, el cansancio y la decepción dieron paso al escrutinio y la practicidad, pues si, en los pisos también se usa el Photoshop.  Y ahora resulta que un piso acogedor se traduce en caja de zapatos y  para entrar a vivir significa que tiene paredes, el estado de estas ya depende del concepto del propietario. 

Parece que los pisos para familias en plena ciudad están en vías de extinción, pero en “Cal Panda” somos muy tenaces, y cuando queremos algo y unimos fuerza el resultado es increíble. Y así sucedió el milagro, con una casa llena de cajas, las hojas del calendario cayendo y viendo como las paredes quedaban más vacías cada día, los astros se alinearon y apareció “El Piso”.

Y descubrí que Ikea realmente une familias.

Tres mujeres en una casa con menos espacio, y habitaciones muy dispares entre sí, siempre dan paso a discusiones. Humanas aparte de familia, el agobio y el estrés sumado al nuevo piso, para mi fueron complejos.

Nada que unos días de desconexión y mucho Pinterest no solucionen, porque es la Biblia de la inspiración. Todo aderezado con un poco de Ikea, mucha imaginación y algo de color. Ahí estábamos las tres de nuevo, riendo, gritando, corriendo por Ikea en busca de cajones que siempre están agotados… la búsqueda del tesoro había finalizado para empezar el proyecto “Cal Panda”. Comprando el ajuar para empezar desde cero, la vida nos ha dado otra oportunidad, y parece que está vez va en serio. La oportunidad de crecer, de vivir, de reconciliarnos con nosotras mismas, con nuestros miedos y nuestro pasada, mirar al futuro y luchar por nuestros sueños.

Un piso es mucho más que cuatro paredes, y una mudanza es más que embalar cajas. Es cambiar tu vida, es avanzar aunque creas retroceder, es elegir lo que dejas atrás y lo que te llevas para empezar. De está mudanza aprendido 3 lecciones que jamás olvidaré:

El desapego: Vivir sin internet, televisión, un neceser para el maquillaje y la cosmética, y dos conjuntos de ropa, me han echo darme cuenta, que no necesito nada material para ser feliz. Eso no significa que no me guste comprar, pero ya no siento la necesidad de comprar cuando tengo un mal día, guardar ropa que no me cabe con la esperanza de volver a usarla, o coleccionar maquillaje en cajas, porque es tan bonito que nunca encuentro el momento de estrenarlo. 

El miedo es solo un sentimiento incomprendido: Por primera vez en años he tenido miedo. Miedo de fracasar, miedo de perder ante la vida, miedo a los médicos, pero mi mayor miedo ha sido enfrentarme a mi misma. Y al final cuando toca pasar cuentas, lo que queda es lo que hay, ni más ni menos. Así que he abrazado mis miedos, y mis temores para seguir luchando, sonriendo, y viviendo haciendo lo que más me gusta, escribir.

Está mudanza se ha convertido en un viaje, en introspección y en meditación. He observado el mundo desde fuera y he mirado hacia adentro. Está mudanza me ha dado el empujón para hacer los cambios que necesitaba, pero no acababa de tener la determinación para dar el paso.

Por primera vez en 35 años se cual es mi camino, y estoy determinada a seguir mis sueños, por imposible que parezcan. Así que he decidido compartirlo con vosotras, porque quizás si comparto mis miedos, mis experiencias y mi vida imperfecta, os alegre el día, os ayude a desconectar o simplemente os distraigo un rato de vuestros problemas.

Si habéis llegado hasta aquí, gracias por leerme, y si os gustado hacérmelo saber. Contadme vuestras experiencias con mudanzas, pisos, ciudades o países.

 

Foto: Pinterest