Soy un poco más feliz que ayer, pero menos que mañana. 

Vengo de una generación que dejaba un trabajo, y esa misma tarde tenía 3 más. Una época donde los sueldos si eran acordes al nivel de vida, aunque quizás algunos piensen que eran excesivos para el ciudadano de a pie. Donde a los profesionales de un sector específico se les respetaba pues apenas había. Vengo como dicen los Millenials de Narnia, pues ellos no saben lo que es cobrar 2000 euros al mes. 

En mi época no existía esa cosa llamada “titulitis”, la valía se demostraba trabajando.  No había becarios en las tiendas de ropa o en las cafeterías, se les llamaba aprendices, y se les pagaba un sueldo sin necesidad de hacer convenios con centros de estudios carísimos.  No se hacían formaciones de 30 días no remuneradas, excluyentes donde tenias que pagarte hasta el transporte. 

Me enseñaron que a los jefes hay que respetarlos, pero ellos a ti también. Que las amenazas no te hacen más productivo, y que el miedo no da resultado. Me inculcaron la importancia del compañerismo, pero también aprendí a ser autosuficiente. 

Comprendí que cuando no podía aprender nada más era el momento de cambiar, pues era joven para ello. Descubrí que los enchufes siempre han existido, y que el hijo del amigo del jefe siempre estará por encima de todos por muy mal que haga las cosas, pero eso me enseñó a luchar y no conformarme.

Aprendí a no dejarme pisar ni machacar por nadie, sin importar quién fuera, pues así empieza el maltrato psicológico. Descubrí que la tiranía era causa de un equipo que no hacía piña, y que una vez nos uníamos éramos invencibles, pero también probé el resultado de la traición. Que los “lameculos” siempre acabarán ganando, y los favoritismos existirán toda la vida sin importar lo bueno que seas. 

Con los años vi como todos esos valores se perdían en un vago recuerdo, dando paso a la esclavitud y la tiranía de muchas empresas. Donde la excusa de la crisis, nos ha hecho sentir que no merecemos un buen sueldo, y que ganar 1000€ significa agachar la cabeza para no perderlo.

Quizás sea así, y nos tengamos que conformar con lo que sea en un momento puntual de nuestra vida. Quizás la necesidad nos ha hecho bajarnos tanto los pantalones que los hemos perdido, pero llega un momento en la vida que tienes que decidir. Tienes que tener claro que es lo que harás,  porque esa decisión marcará el resto de tus vida. Si quieres encaminarte hacia tus sueños, aunque sea lentamente o consumirte en esa empresa donde cada día te roban un poco más de tu alma.

Yo lo tenía claro, y lo decidí. Di el paso para lograr mis sueños. Un camino que no tengo claro a dónde me llevará, pero lo intentaremos con ganas, que no se diga. Y al menos sabré cada día, cuando el despertador suene, que soy un poco más feliz que ayer, pero menos que mañana. 

Fotografia: Leon Cuervo

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